miércoles, 28 de noviembre de 2012


Me enseñaste a caminar sin miedos, me enseñaste a ser valiente y pensar en los demás como si de mi vida se tratase. Tus pasos en mi vida fueron y son importantes. Hoy en día recuerdo todo aquello que en su día no entendía por ser aprendiz, hoy en día soy la maestra, soy aquella niña que ha crecido y cuenta sus historias, lo que está mal y lo que está bien.

Es verdad, es verdad lo que me decías, que algún día entendería lo que me decías. Tengo 28 años y he aprendido muchas cosas, las cosas no son fáciles y no es difícil pensar en los demás. Ya tengo mis propias experiencias y no cuento solo lo malo, se mirar las cosas buenas de cada persona y de las cosas malas que pasan día a día. Tengo algo que contarte, me he acordado de ti durante todos estos años y más cuando vivo momentos semejantes a los que viví contigo.

Soy muy parecida a ti, no me gustan las mentiras, miro por los demás y vivo la vida duramente aunque feliz. No como delante de los pobres, se escuchar, razonar y admirar el trabajo de los demás. Tengo marcas en mi corazón que demuestran mi aprecio por la vida y por la lucha diaria por ser feliz y callar. Algún día entendería, ahora lo sé, soy feliz a pesar de las adversidades y los muros que mi alma a de saltar. Ya no tengo miedo a la oscuridad y sigo mirando a los ojos cuando me hablan. Ya no lloro por todo y soy valiente, aunque eso me cuesta más que otras cosas.

Me gusta la música clásica y la disfruto mientras la escucho, sigo siendo cabezota, pero respeto las opiniones de los demás. Soy capaz de hacer reír a los demás sin ponerme en evidencia y hago llorar con facilidad a los demás por sacar sus emociones. Soy buena persona, me quito muchas cosas para dárselas a los demás, y sigo con la frase que aprendí en su día “donde comen dos, comen tres”. Sé interpretar los gestos y miradas, busco respuestas a mis sueños aún y me sigue gustando la compañía de mis seres queridos. Sigo siendo melosa y cariñosa, aunque tengo genio.

Son muchos años de aprendizaje y muchos que me quedan por aprender, pero eso ya tú lo sabes, ¿Ya sabes lo que hay para mí verdad? Estaré esperando con fuerzas todo aquello que me ha de venir, y seré capaz de aceptarlo con buena actitud y valentía. Gracias por ser parte de mi vida. Gracias por estar siempre ahí aunque no te pueda ver. Sé que me escuchas y que guías mi camino aunque a duras penas no sepa interpretar el camino correcto. Esperaré tu respuesta a esta carta, aunque sea en mis sueños, al menos sabré que la has recibido. Te quiero, aunque eso también lo sabes.

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